Saturday, December 24, 2005

Infancias verdes. Primer intermedio: Maciste en las alegres navidades de los años 70.




Las navidades de mi niñez tienen sabor a turrón el Almendro, bacalao con coliflor y cava Freixenet ( para mojar los labios, nada más). Basicamente igual que la de hoy sólo que el turrón y el champán ahora llevan marcas más cutres. El bacalao está carísimo. Antes era comida de pobres, en la actualidad se ha puesto al nivel del salmón o la merluza, con lo cual gastamos igual. Todo en pos de la tradición.
Yo fui un niño normal en esto de los festejos invernales. Crecí a golpe de ilusiones fingidas creando en mi inconsciente, ya de por si bastante fantasioso, un mundo de irrealidades con fondos nevados, un poco bíblicos y en dibujos animados. Mi Natividad era el ratón Mickey en el "Christmas carol".

Oh la lá, qué familia más original.
No nos juntamos nunca la familia entera. La nochebuena la pasábamos mis padres y yo aqui, en esta misma casa, los tres a ritmo de zambomba. A lo mejor algún 25 de diciembre nos desplazábamos a La Coruña para ver a la abuela y las tias, pero rara era la vez.
Los años setenta en mi hogar fueron los de la abundancia. El negocio familiar iba viento en popa y recibíamos cestas y aguinaldos de amistades y empleados de mi padre. Montábamos mi madre y yo un belén precioso, con sus luces y sus ríos plateados. Escribíamos postales a los tios emigrantes, no poníamos arbolito porque no estaba de dios, pero la casa se llenaba de inusitados colores muy próximos a los que veíamos en las casas de las películas del Hollywood vintage: "White Christmas", "Mujercitas", "Qué bello es vivir", "La gran familia"...oh, qué placer nostálgico es recordar aquellas tardes nevadas de mi ciudad metidito en el salón, al calor de la estufa GARZA, viendo el especial de LOS PAYASOS DE LA TELE después de que en 1ª SESION Errol Flynn se batiese en duelo a espada con Basil Rathbone, justo antes de que empezara el ESPECIAL DISNEY donde las incordiantes ardillitas Chip y Chop le jodían la plácida velada al torpón Donald Duck ( que ese año las pasaba sólo, sin sus sobrinitos, que andarían de jóvenes castores sodomizandose entre ellos en alguna " alpine adventure"). Los TELEÑECOS también hacían acto de presencia, a lo mejor con Julie Andrews como estrella invitada, cantando cosas de MARY POPPINS a una vaca de trapo.
Todo era comer, masticar dulces, descubrir nuevas golosinas que endulzaran mi paladar. Esperar nervioso que pasasen las horas, pues mis padres se habían encargado de prepararme un almanaque mental de fantasías repletas de regalos.
Escribir la carta a los Reyes Magos era un ritual extraordinario que terminó a la larga por volverme un ambicioso pedichón. Tuvieron que ponerme el freno mis progenitores porque yo lo quería todo. Sin embargo era grande mi impaciencia, quince dias duraba pues a mi el julandrón de Santa Claus nunca me trajo nada.
En fin de año trasnochaba más de lo normal. Los especiales de nochevieja de Valerio Lazarov eran muy sabrosos. Derroche de beldades, presentadoras vedettes tan queridas por mi como Didi Sherman, Agata Lys o Barbara Rey se encargaban de animar las actuaciones de gentes por entonces muy de moda: no fallaba Julio Iglesias, ni Rocio Jurado, ni Raphael, pero tambien aparecían estrellas internacionales como Sacha Distel, Shirley McLaine ( inolvidable su anuncio FREIXENET) o Raquel Welch ( también anunció el espumoso y de forma espectacular). Aquellas nocheviejas si que tenían forma de burbujitas. Yo tomaba algo de cava pero poco. Mi madre un año se achispó tanto que consiguió violentarme. La aborrecí al verla excesivamente "alegre", aquella no era mi madre. No sé hasta que punto había fingido. Ahora me averguenzo de mi actitud, de parecer demasiado remilgado. En el fondo una noche de fin de año, en casa, sin salir, merecía un poco un "salirse de madre".

Los piececitos del niño Jesús me daban asco
Las mañanas de Navidad y Año Nuevo ibamos a misa. Era otro ritual encantador. Me imaginaba saliendo del hogar de "Mujercitas" como una hermana March más dispuesta a jugar con la nieve. Primero abrigarse hasta las orejas: verduguito, bufanda y guantes obligados. Veiamos el nacimiento de la parroquia, oiamos la misa ( mientras me sermoneaban yo pensaba con delectación que aquella mañana habría al salir doble ración de tebeos, y cavilaba cuales pedirle a mi padre) y al acabar la ceremonia religiosa, besito en los pies del niño Jesús ( algo que recuerdo como una experiencia asquerosa. No por la práctica subliminal de un acto de filia hacia unos pies infantiles, sino porque éstos eran besados y babados por docenas de feligreses, y a mi como que me tiraba para atrás. Un año me negué en redondo a besárselos después de presenciar perplejo cómo un viejo de mirada lividinosa le había succionado con lascivia el dedo gordo al barroco retoño. En realidad aquel niño tenía unos pies muy promiscuos).

Los tebeos de mi infancia en Navidad se me apelotonaban
Tras abandonar el recinto me palpitaba el corazón a tope pues ibamos embalados a la libreria a por tebeos. Mi favorito era el DON MIKY, siempre regalaban algo llegadas las fechas: que si una pistola de cartón que hacía un "¡bang!" de papel cuando la agitaba, que si las maravillosas monedas del tesoro de Patomas ( eran increibles. Traían su fichero para ir ordenándolas. Recuerdo estas como una de las ilusiones de coleccionista más inolvidables de mi infancia) y aparte estaban los personajes: todos los de Disney; y las secciones fijas, que solían incluir entrevistas con los ídolos pop del momento. Pero sobre todo la semana en que el DON MIKY traía una aventura de Patomas era motivo más que suficiente para que mi felicidad ya se desbordara.Histórica fue una navidad que mi padre me compró el Manual de los jóvenes castores. Eran tomos carísimos (225 pesetas), llenos de útiles consejos para niños con corazón de boy scout. Para irse de acampada venían muy bien pero no era mi caso. Conseguí tener una buena colección de ellos: el de Tarconi, ¡el de Patomas!, y asi.
En cambio los PUMBY no se vendian demasiado bien, pero yo tambien era adicto a esta publicación infantil. Por lo menos mis amiguitos no los compraban.Los sacaba la Editorial Valenciana, surgida en los años cincuenta con la intención de rivalizar con la totémica Bruguera. En la Valenciana no había ni la mitad de talentos de la otra pero era curiosa, y PUMBY aunque chusco tenía para mi cierta gracia.
El gatito feliz fue creado por el señor José Sanchís en 1.955, o sea que yo lo cogí en su etapa de decadencia. Por allí pululaban el malvado doctor Mekano o el locatis doctor Chirivía. Todos en Reinos de fantasía como Dominolandia o Paraguaburgo.
Aquellas mañanas festivas las pasaba con todos ellos, ensuciándolos con patatas fritas o trocitos de migas de croquetas cuando íbamos a tomar a las cafeterias unos piscolavis que ya son historias pasadas que nunca volverán. Como las mejores navidades de nuestras vidas.

( continuará el dia de Reyes)

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