Saturday, December 10, 2005

Infancias verdes. Capítulo tercero



Esto de las series norteamericanas tenía mucho de adictivo. Yo creo que con respecto a estos tiempos,en mi niñez ponían más de estas por la tele. Ponian más, que no mejores, no pequemos de nostálgicos. Es evidente que uno tiende a suponer que aquello era mejor sólo porque antes era lo único casi que existía. Y las cosas como son: hubo cantidad de bazofia apelotonada en horas de máxima audiencia reduciéndose la oferta a las únicas dos cadenas televisivas. Repasar en una hemeroteca las críticas de televisión supone un sano ejercicio de distanciamiento que favorece la valoración más objetiva del asunto. El resto es puro romanticismo hacia una época vital ida para no volver jamás. O en los casos más pesimistas: la constatación de que en el fondo la vida sigue igual ( parafraseando a Los Gritos- J. Iglesias- Violeta Gómez) y que sólo cambia nuestra anómala percepción de las cosas.
Aun con todo, la tele que ví ...fue mucha tele. De detectives había un filón. George Kennedy tuvo una. James Franciscus hizo de detective ciego con perro, recuerdo que se llamaba "Longstreet", Cleopatra Jones pasó también por el aro catódico aprovechando el "boom" blacksploitation del momento (imágen única: Cleopatra amenazada por una apisonadora), Kojak, Colombo, McCloud ( se inspiraba en un filme de Siegel con Eastwood, y el adecuado Dennis Weaver la bordó, jinete urbano), McMillan y esposa ( con Hudson, Susan St. James y la criada, veterana Nancy Walker), adoré Hawaii 5-0, aunque creo que esta pertenece a principios de los 80 ( los trailers pretítulos de crédito conformaron mi sentido de la acción en mis fantasías literarias de temática violenta), Las calles de San Francisco ( con Malden y el horripilante Michael Douglas. Flipé con las cuestas. No estoy seguro si la vi en temporada de estreno o si fue ya en reposición), Los Nuevos Vengadores (creo que las ponian los domingos, despues de Iñigo. Eran ya en color, salía Diana Rigg, me parece...o, Honor, no sé. Era british como El Santo de Ogilvy). Mención especial para la Sargento Pepper Anderson, o sea la sublime Angie Dickinson en "La Mujer Policia" (era una serie magnífica, muy superior en su sex appeal a las chicas de Charlie, y precursora).
Pero en este "folletin de mi vida" en los años setenta interesan por su grado de significación homoerótica dos series en concreto y que merecen aquí un tratamiento más que especial.

STARSKY Y HUTCH
TVE la estrenó en 1.977 y fue una de las series más populares del momento. Fue una locura. Entraba dentro del genero policíaco en su vertiente de " Parejas de policias". En los 70 estaba de moda lo que se dio en llamar las "buddy movies": la amistad entre hombres, dos tios dinámicos encabezando un reparto cinematográfico. Todo aquello podía sujetarse a interpretaciones externas de la más diversa índole, pero a mi me da que con el paso del tiempo uno ya puede juzgarlas con templanza y valorarlas en términos como " el vínculo casi sagrado de la amistad masculina que no cae en misoginias, machismos ni homosexualismos". En sus mejores ejemplos fueron un gran hallazgo.
Starsky era el moreno, daba macho, rudo, simpático, casi latino. Hutch era rubio, más cerebral, elegante, algo femenino en belleza. Paul Michael Glaser y David Soul, y un jefe (dueño de un club nocturno) y un confidente negro en las calles ( parecía salido del reparto de "Car Wash"). Ah, y el coche. Un Ford Torino rojo con una franja blanca lateral pintada. Aquel automóvil causó furor en España y muchos fueron los que tunearon sus máquinas de tal guisa. Yo tuve uno igual en miniatura, a mi me gustaban los coches.

Pero sobre todo a mi me gustaba Starsky.Su estilo al vestir, sus ademanes, sus maneras brutotas me parecían muy sexys. El rubio resplandecía pero yo por entonces todavía no era sensible a los efluvios angelicales. Starsky llevaba cazadoras estupendas, vaqueros ceñidos " a lo setentas" que llenaba para mi regocijo personal. Y su pelo era tan espeso y rizado que me trastornaba en sueños.Veo ahora sus fotos y lo encuentro feo. Pero a mis siete años era una cosa masculina que me hechizaba. Supongo que esto de los sentimientos homoeróticos en los gays debe llenar bastante más que los sentimientos eróticos en los heteros. Me refiero a cuando eres un niño, si te gusta un héroe por que lo ves valiente, vigoroso y resuelto y encima lo encuentras apetecible es doblemente atractivo que si fueras un chico "normal" y sólo te quedaras con el primer aspecto ( sin deseos carnales) y en cambio te gustara, claro, la novia del heroe ( casi siempre elemento pasivo, reposo del guerrero. Esto creo que es malo pues se va alimentando un sentimiento machista en el niño bastante chungo para su formación posterior. En este sentido nunca una Princesa Leia podrá arrebatar el poderío mágico de un Han Solo a nivel de mitificación cuando el que lo siente es maricón).

Mitificado Starsky el niño se obsesiona con la serie. Y Maciste empieza a identificar muy en su fuero interno términos como atracción sexual, virilidad y violencia no sin riesgo de caer en algún despropósito. Mi fascismo siempre fue en son de paz. En esto los gays tenemos que hilar muy fino, sin duda cualquier opción sexual tiene sus handicaps. La cosa es que Paul Michael Glaser fue muy relevante en mi lívido, hasta el punto de llegar a ser el primer hombre desnudo que vi en mi vida. La anécdota por jugosa merece que la incluya a continuación en este post.
Era una de tantas jornadas que yo iba a acompañar a mi madre a la peluqueria. Me enzarzé en la habitual pasada a las revistas que por alli andaban, que por cierto eran siempre muy abundantes: había hasta fotonovelas con Maria Jose Cantudo que me flipaban. Pero vamos, basicamente, lo mio era acaparar cuantas más revistas del corazón mejor.
El tema es que aquella tarde la pelu estaba a tope de gente. Había una niña muy mona y muy nerviosa que me había echado el ojo y en seguida, no sé cómo, la tuve haciéndome compañia mientras mi madre y la suya andaban de secadores. Yo sentado con los SEMANA y DIEZ MINUTOS, como tranquilo. En cambio a la chavala la notaba con "hormigueos".
Fue en un LECTURAS donde encontré la foto que me turbó. Aparecía en un lateral inferior Starsky en pelotas. Estaba borroso, nada nítido, se le veía la polla. Era peludo. Pudiera no ser él (típico fotomontaje que a mi de aquella se me escapaba) o pudiera serlo ( parte de un reportaje extraido de alguna publicación gay de San Francisco, algo que se me escapaba más si cabe). Pero para mi era Starsky. Me palpitó el corazón. Me azoré, colorado como un tomate quedé. La niña lo notó, es más yo creo que la niña lo había visto de reojo y al darse cuenta de mi estado se volvió una "hot kitten" imprevista. Yo tembloroso había pasado las hojas con rapidez, manteniendo el dedo anular pegado a la hoja del desnudo. Deseaba volver a verlo con todas mis fuerzas pero no encontraba momento porque aquella pesada estaba toqueteándome de forma nada normal.
En un instante de descuido volví a la página: sólo conseguí abrirla por la zona de la polla. Dios, era grandísima, no era la mia así. Había pelos., muchos y muy desordenados. Todo aquello se volvió clandestino, y atrayente. Pero mi acompañante que era más despierta que la Patiño con resaca ya debía haber visto muchas y me susurra (¡ lo juro! ): "Es grandecita, cariño". Vamos, una niña -puta, otro nombre no tiene. Yo le respondí tartamudo un "¿lo quë?. Entonces sin saber por qué se me puso sobre el colo, encima mia y comenzó a tontear, fue un acoso en toda regla. Yo quería estar a solas con mi ídolo y a cambio me hallaba abrazando a una baby cerdilla que no debía haber hecho la primera comunión ni nada. Me decía: " dame un beso, querido...", cosas así. Y me desbordé. Le toqué las bragas. Pocos años después una acción similar me ocurrió con una de mis primas y viendo un comic de Robert Crumb. Qué curioso. Ellas siempre acosándome. Hasta dijo la retaca que yo era muy guapo ( en la pelu la dueña me llamaba Jorge Mistral. Tremendo) Menudo arrase. Pero en el fondo, mi sexualidad iba tan encarrilada que aquel azogue pederástico no tuvo más valor que el de poder acariciar una carne suave como un mero complemento a lo verdaderamente importante: que era que mientras ella me metía mano yo pensaba en la posible elasticidad del capullo de mi heroe de la televisión, de mi amado Starsky.

(continuará)