Friday, December 23, 2005

Fantasmas de medianoche


Hoy John Carradine (1.906- 1.988)

Esta podia ser la leyenda del santo bebedor, sino fuera porque los personajes de Carradine nunca parecieron estar demasiado apegados a las ideas de la Iglesia católica. Eran más bien el polo opuesto. Eran demoníacos. Y geniales.
John fue un gran bebedor. De vodka con hielo. Pero sabía beber. Era un buen alcohólico. Siempre afirmó no haber tenido nunca resaca. Además niega que durante los rodajes de sus películas se apoyara en el alcohol. Le creemos porque este hombre fue sabio en su arte, uno de mis fantasmas favoritos.
Carradine admiraba a sus compañeros. En modo alguno había en él resquicios de envidias hacia los Belas, Chaneys, o Boris. Hizo cantidad de mierda como para asustar a cualquiera, se encontró docenas de veces desubicado pero siempre mantuvo el tipo ( fue un hombre cuya carrera se alargó en el tiempo hasta los años ochenta, casi siempre trabajando en el género del terror, terror de consumo. Y este era un género ya en crisis a partir de los años cuarenta, asi que no te digo nada cómo acabó el asunto). Hay que verlo con qué entereza se pone torvo en los filmes de Al Adamson que son pura caca. O como se inventa, pese a las bastardías del apocrifismo enfermizo, un Dracula disco en "Dracula's Grand daughter". La decadencia de un género en clave Z total y la dignidad de un gran hombre de escena que tenía que comer.
Enjuto, de rostro eminentemente anguloso, de una mirada magnética que acojona...fue un pionero en el cine sonoro. Su primera oportunidad se la da el enorme John Barrymore, al que le llamaban El Perfil. Pero Barrymore estaba harto de ser ese perfil que las volvía locas, deseaba cambiar su cara, maquillarse hasta la desintegración, y fue uno de los más inolvidables Svengalis de la pantalla grande. Pues una vez, al ver a Carradine, con el que compartió escenario, le dijo que tenía que hacer una prueba para el cine, ya que tenía una voz hermosa, una de las mejores recitadoras de los versos shakesperianos en su momento. Barrymore sufria problemas con la bebida y Carradine siguió sus consejos, los que él no aplicaba en si mismo: no beber mientras trabajaba.
Carradine rechazó el papel de Frankenstein simplemente porque no se le podría escuchar su voz. Es evidente que este monstruo de la UNIVERSAL era ultraparco en palabras pero en cambio sí aceptó ser Dracula.
Cuando de niño leyó la novela de Stocker había pasado mucho miedo. Tenía ganas de hacer el conde de marras en cine. Le apareció la oportunidad de cumplir su sueño ante la renuncia de Bela , que andaba con compromisos con otras productoras, en "House of Frankenstein". John, que admiraba la gestualidad y la elegancia europea de Lugosi, respetó su creación aportando su propio estilo, que era casi shakesperiano. Cuenta en una entrevista que quiso acercarlo a una suerte de Ricardo III de lo gótico, y bien que lo consiguió. Siempre le pareció fatal lo poco que Hollywood había respetado el original literario y fue por ello que intentó acercarse a la fidelidad partiendo de la verosimilitud física del personaje. Esto es: se colocó un sombrero de copa y se dejó bigote como el de la novela y, porque no le permitieron la barba, que sino...
Bordaba los mad doctors, los villanos del western, los cientos de personajes sádicos y malencarados que le tocó interpretar en sus mas de cien películas. En las entrevistas sin embargo, prefería hablar de teatro, de su amado Shakespeare. También participó en musicales de Broadway, como en el milenario The Fantasticks; y fue un sensacional Mr. Scrooge en cine en la década de los cincuenta.
A modo de auto resúmen de toda su carrera de villanías, el viejo zorro salvaba un sólo personaje fantástico : el "Blue beard", o sea "Barbazul" que hizo con ese fabuloso creador de climas con cuatro perras que fue Edgar Ulmer ( en teatro su "malo" favorito sería Ricardo III). En cuanto a su papel definitivo él siempre lo tuvo claro( y con razón): el predicador de "Las Uvas de la ira" (1.940. John Ford).
Murió a finales de los ochenta con esa espinita clavada, que no estaca, de no poder haber hecho un Dracula como Stoker manda, o sea según la descripción fidedigna de su autor.

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