Sunday, December 18, 2005

Dirigido por...fa: Louis Malle y una de suicidios " a la francesa"

para Boquitas Pintadas, esa muchachita frágil a la que algunas veces se le pasan por la cabeza ideas tontas que debería dejar a un lado.


"Me mato porque no me habéis amado,
porque yo no os he amado.
Me mato porque nuestras relaciones fueron débiles
para estrechar nuestras relaciones.
Dejaré sobre vosotros una mancha indeleble"

(Alain Leroy " Le feu follet". Drieu de La Rochelle)


Primer disparo
Louis Malle comienza en el cine como documentalista, allá por los años 50 junto a Jacques Cousteau. Sus trabajos submarinos consiguen ponerle en un mapa, el cinematográfico, en un caso que lo hace equivalente a otros compañeros de su generación ( los que se inventarán la nouvelle vague): Resnais, Godard, Truffaut, Chabrol, Doniol-Valcroze... A finales de la década se mete con los largos. "Ascensor para el cadalso" es su primera película. Aunque se trata de una adaptación de una novela francesa es en realidad un homenaje al cine negro norteamericano. Malle se hace notar entre los críticos del momento a la vez que proporciona pistas para el cambio de imágen de la señorita Jeanne Moreau ( que andaba un poco perdida entre tanto cine de papa, tanto minué y tanta Comedie). Todo aderezado con partitura original de Miles Davis. Su segundo largo es el que causa más revuelo: "Les Amants" es una película de cama. Entiéndase, de cama con la Moreau. También tenía la historia un soporte literario detrás, francés y mediocre, pero la cosa funcionó lo suficiente como para elevar la película a la categoria de escandalosa para la época. La Moreau era una liberada ( con esa imágen ya quedaría durante unas cuantas temporadas, furcia ella de la nueva ola) que es un poco trasunto de la Bovary en plena época existencialista. Malle alargó tanto su escena de cama del principio que los que adoran la película hablan de ésta como rapsodia visual, los que la odian suelen comentar que tan sólo se trata de seudo pornografía de qualité ( uhmm, esto último me hace reflexionar sobre lo que pensarían éstos si viesen los productos de la linea Cadinot, esas enculadas pedantes hasta la risa)..."Les Amants" dio mucha tinta. Es lógico. La nouvelle vague eclosionaba con obras contundentes y que no dejaban indiferentes a nadie. Tras su maravillosa "Zazie" y la innecesaria intelectualización del mito Bardot en "Vie privee" llega el suicida en el que me quería detener esta mañana dominical. Pero antes un aviso: este suicida lo creó otro suicida muchos años antes de salir esta película. Hablo del señor Drieu La Rochelle, todo un personaje.

Segundo disparo.
La Rochelle es un escritor contradictorio. Pasa por diferentes etapas y estilos. De adolescente se apasiona por las gestas de Kypling a la vez que sustenta su pensamiento con la filosofía de Nietzsche. En la primera guerra mundial combate contra los alemanes. Escribe sobre los combatientes, lo hieren y se inspira en sus heridas. Durante la posguerra se introduce en beauté en los ambientes artísticos parisinos: le gusta el dandysmo, experimenta con las drogas, abraza el comunismo. Todo lo decadente le atrae. Crea personajes excesivamente románticos como el Alain de "Le feu Follet" ( 1.931), chico burgués que se ha servido de un mundo que le ha dado alas para realizarlo todo pero que tambien le ha conducido a una paradójica alienación que lo asfixia.
A mediados de los años treinta La Rochelle pasa del comunismo a la ultraderecha más a la páge.
No es el suyo un caprichito de intelectual, una "boutade" sin fundamento: se implica hasta los tuétanos. Se decanta por un "capitalismo inteligente", publica "Socialismo fascista", apoya a Petáin...Pero en seguida se decepciona de las maneras de los ocupantes alemanes. El miedo le pisa los talones al mismo paso que los aliados avanzan sobre Paris. Se oculta de ellos en la casa de una amiga a la que había salvado de un campo de concentración. Tras la guerra pocos son los amigos que le apoyan ( Céline ya había puesto fin a su vida) pero queda Malraux que le ayuda desinteresadamente. De todas formas sus crisis son continuas e intenta suicidarse. No lo consigue. Las contradiciones le atormentan y al enterarse de que hay una orden de arresto sobre él por colaboracionismo pone fin a su vida en 1.945.

Tercer disparo.
Louis Malle pone en imágenes la historia de La Rochelle con un vigor de jóven cachorro. El filme es algo tedioso en su ritmo interno, pero es que es asi cómo debía sentirse el Alain Leroy que encarna Maurice Noret ( aqui no tan plano, porque en "Ascensor" estaba demasiado "bello inexpresivo").
Alain acaba de salir de una clínica de desintoxicación para alcohólicos, tal vez de forma prematura, a juzgar tanto por su estado anímico como por la esclarecedora secuencia del parlamento con el psiquiatra. La intención del chico tan pronto le dan el alta es la de sacarse de en medio en un plazo de veinticuatro horas, durante las cuales se ocupará de despedirse de amante, amigos y hasta de la Moreau, que también sale aquí, no me acuerdo ya si metida en la cama o leyendo a la Duras. En cualquier caso llevaba peluca marca Carita.
El dilema de este neoromántico tan existencialista es si matarse con un disparo o matarnos a los que lo vemos de aburrimiento. Pero hay destellos de buen cine que salvan la película de convertirse en un plomo gabacho. Por ejemplo, una fotografía impecable de Ghialin Cloquet (habitual colaborador de Andre Delvaux), una música ya indisoluble a sus imágenes ( es el Satie más recurrente, el de las Gymnopediés, después tan quemadas por los high brow), una atmósfera rive gauche tan genuina como que es de su época. Y un par de ideas que no dejan de helarme el corazón. En mi caso, una sería la del hastío vital, spleen claro, del que lo tiene casi todo en esta vida, a quien no se le ponen cortapisas en sus sueños materiales pero que a pesar de ello se encuentra vacío y desarraigado. La otra sería, que al ver a Ronet tan triste y desolado ( le dice un conocido: no basta con ser un hombre, hace falta también querer serlo) me reflejo en él y en el fondo, creo que también se refleja mi novio ( y mi novio si que dio por dos veces el paso del protagonista) y esto me conmocionó anoche cuando me puse la película. Después, que te guste el estilo de Malle cortante a la par que moroso, de elipsis entre inconexas y flitradas por su raciocinio es otra cosa. De todos modos, "El fuego fatuo" conserva aún su pátina de clásico moderno sin haberse deteriorado demasiado.

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