Monday, December 26, 2005

Bell'aspetto. Por " la famosa escritora norteamericana"




"Volcado a un sinfín de actividades insustanciales, el jovencito dorado se resigna a ser exclusivamente un títere encantador sin posible escapatoria. Es paseado con fines propagandísticos por los lugares más chic y menos contaminados, erigiéndose en estandarte del colectivo juvenil. Le declaran patrón a seguir pero, de igual modo, participa de las inquietudes y gustos, comparte las alegrias, padece las frustraciones de los otros jóvenes de su generación. Es el ídolo marca Wyler, la quintaesencia de la papanatería disfrazada en envoltorios "de luxe".

(...) A diferencia de los astros de antaño, derivaciones art decó de los polvorientos galanes de opereta centroeuropea via Gilbert & Sullivan, los efebos Wyler
rehuyen las posturas estáticas, oponen a estas un cierto dinamismo que los sitúa ya en los ámbitos de la cultura deportiva y, como tales, suponen el reflejo exacto de la salud y la limpieza étnica (características claves del mensaje que se quiere vender).
Los chicos carecen de la afectación romanticoide de un Crosby, sin embargo no rechazan los gimiqueos y hasta los pucheritos, al enfrentarse a una balada salida de madre.
No usan gomina ni van esplendidamente peinados años 30, como iban sus precedentes inmediatos. Apuestan por el corte a navaja o "crew cut" que los emparenta con la soldadesca G.I., y también por el peinado inspiración Elvis, sin llegar a sus extremos ( sería contraproducente un flequillo indomable que amenaza con caer sobre los ojos). Pues Elvis, en ademanes y contoneos, resultaba demasiado atrevido en tanto en cuanto parecía haber bebido de las fuentes de cualquier vampiresa maligna del cine negro.
Los chicos Wyler pecarían de estamínicos pero nunca caerían en el desenfreno. Y en el vestuario no hay trajes de noche, ni tuxedos blancos, ni zapatos de rejilla, n
i tan siquiera camisas almidonadas o cardigans. Ahora mandan los pullovers de tonalidades suaves, los pantalones cómodos y deportivos (sin desdeñar los jeans camperos), los polos multicolores que se ciñen al núbil torso y, dentro de un esquema más clásico, las americanas universitarias o "high school" con el escudo correspondiente, para lucir encima de un camisero blanco y una corbata azul marino.
En las portadas de los discos son capaces de aparecer en camiseta blanca y pantalón parcheado en la rodilla. Hay quienes, como Johnny Saliero, llegaron lejos a la hora de entregarse al beefcake sin dobles tintas: este membrudo mozarrón consintió en retratarse en pantaloncito corto y a punto de arrojar una pelota rodeado de un paisaje de cartón piedra para la portada de su primer single. Tiene sólo 17 años.
El propio Rickie, reacio en un principio a participar en semejantes cohartadas eróticas, en parte por la autoridad que ejercía sobre su carrera la mamma Maddalena, terminó desmelenándose en los reportajes en color de las publicaciones para menores, con actitudes lindantes con la osadia, al mostrarse tanto en calzón de boxeador (al parecer todo oriundo italiano debía saber boxear) como en escueto slip de nadador, ejecutando evoluciones en la piscina del propio Wyler.
Puede que este solapado erotismo sea el rasgo diferencial más notorio con respecto a los ídolos de la década anterior. La fiebre del teenagerismo no sólo sucedió en el fenómeno de la canción, también las pantallas de cine fueron invadidas por adolescentes, no siempre problemáticos, cuyo fin era encandilar corazones aligerándose de ropa (ahí está el caso de Tab Hunter o George Nader,que interpretaron muy a sus comienzos a salvajes isleñitos como mero pretexto para destaparse una barbaridad y así contentar un grado más al público juvenil femenino).

(...) Contradicción es la palabra pues que define una sociedad, la norteamericana, tan veladora de la pureza, tan conservadora de sus principios morales, tan inseparable del legado neovictoriano y del mito de la virginidad, que intentando vender su eterno mensaje lo que consigue es despertar por la contra en sus gentes instintos carnales. Livianos si, pero instintos al fin y al cabo.
Los pederastas yanquis disfrutan de unos crios memos pero que están como un queso. Lo de menos es que posean unas aptitudes para el canto, el baile o la interpretación ( aptitudes para las cuales, hay que señalar, que son completamente negados), lo que prima es la presencia: una jeta y físico agradables, una simpatía innata y una vida privada nada expuesta a escándalos. Y en el caso de los italianos, colonia USA fundamental, un aspecto mediterraneo sin camuflar: cabellos negros como el betún, rizados de muerte, labios carnosos, aires gitanos y cuerpos trabajados en las calles, con algún cardenal quizá. Como apunté antes, ganados en combates de boxeo o en la lucha libre o en peleas barriobajeras. Todo muy tópico pero suficiente para que la familia Wasp mire al ídolo latino trasplantado conmiserativamente, y a la vez con gozo. Por una parte porque el chico ha superado mediante el tesón la precariedad de una infancia horrible y, por otra parte, por ser el pais al que pertenecen el que le ha acogido dando además todas las facilidades, y posibilitando que ese afán de superación pudiese conducirle al éxito".
(continuará)

* Fragmento perteneciente al libro inédito aún en España "BELL'ASPETTO" (2.005).Traducción libre a cargo de Boquitas Pintadas, de vacaciones en Cortina d'ampezzo.

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