Tuesday, December 06, 2005

Bell'aspetto. Por " la famosa escritora norteamericana"



"La sacó a bailar. Se marcaron dos lentos y antes del tercero, Paolo se acercó a los músicos para pedirles un rock'n'roll. Los chicos aseguraban que la oficiala desmerecería frente a su acompañante, tan diestro con aquel dernier cri de los ritmos desbocados. Estuvo soberbia, con su porte rompedor favorecido por una falda tubo que amenazaba con romperse a cada pirueta. Se ganaron el apelativo de antipáticos, tan envidiados eran.

- Me sorprendes. Pensé que no sabías bailar-le dijo él.
- Yo también leo "Il Musichie
re"-contestó ella con sordina.
- Estás fantástica esta noche. Siempre lo sueles estar. Pero esta noche pareces especial- comentó él encendiendo un cigarrillo.
- Si. Hoy es especial- contestó ella.
Se miraron fijamente. Se sonrieron. Sus miradas hablaban por si solas, daban a entender que existía una correspondencia mutua; que, en definitiva, había que empezar a apretar el acelerador.

- Conozco un lugar donde se puede fumar algo más fuerte que esta porquería- añadió él-
- ¿Uno de esos antros que tú y el Tyrone tanto frecuentais?
- Bah. Es un sitio nuevo, nada peligroso. Tocan jazz los sábados por la noche. Otra gente.

Marcharon de la sala de fiestas cuando los relojes marcaban la medianoche. En un subterráneo de una calle céntrica se escondía el club de jazz que a Ivana no le era ajeno. Uno de los primeros refugios con los que contó la ciudad lombarda donde se podía oir un tipo de música, de raiz netamente negra, muy alejada del consumismo popular. El jazz no era para un inquieto joven mediterráneo de provincias una música más: era una forma de vida, una clase de película que él identificaba con el canallismo de los inadaptados urbanos, el paisaje de los callejones oscuros, los detectives de vuelta de todo engañados, en cambio, por amor a una rubia turbia, tan de vuelta de todo como ellos; de la Norteamerica existencial, en resúmen. Y en la humeante cava esas cosas se intuian si uno se dejaba abstraer con los efluvios sonoros de unos músicos profesionales entregados a sus improvisaciones. Y para redondear la ambientación, se fumaba hachís sin muchos temores. En realidad el club se nutría de un público enfermo en el alma, que diría un cursi con ínfulas literarias.
Paolo e Ivana no padecían mal de amores pero ambos querían para la ocasión creerselo. Eran poses decorativas,, atribuibles a los embelesos de alguna droga llegada de estranguis.
- Hay mañanas que me levanto derrotada. Con ojeras, y tosiendo.
- A mi también me pasa. Ya no somos niños. Yo ya he cumplido los dieciocho. Pero te digo una cosa, gran parte de culpa la tiene el maldito tabaco.
- Al ritmo que voy no sé cuánto aguantaré en este perro mundo.
- Si quieres hablamos de ilusiones.
- ¿ Ilusiones ?
- A mi desde luego no me gustaría pasarme toda la vida de matalote en la mueblería de mi padre.
- Bueno, no deberías preocuparte por eso. Ya tienes una carrera muy apreciable hecha en las calles.
- Graciosa. Otro tanto se podría decir de ti.
- Se dicen muchas cosas de mi, pero eso es porque hago lo que me viene en gana. Sencillamente es mi postura ante la vida. Esta ciudad me queda pequeña y pienso que eso es normal, cualquiera que tenga dos dedos de frente obraría como yo.
- Y ¿qué vas a hacer?

- Marcharme, me voy. En Milan hay más oportunidades. Conozco gente que me puede introducir en el mundo de la moda. Lo tengo todo planeado.
Bebían y hablaban muy rápido, como si intentaran llenar aquel vacio de sus pocos años, un vacio que quizá no lo fuera tanto pero que de todas formas ya empezaban a presentir.
- También yo quiero dejar la ciudad- dijo Paolo- Quiero ser artista. Cantante, ya me entiendes. He estado hablando con un tipo que conoce a un profesor de conserv
atorio que aceptaría darme unas nociones elementales de canto. Te aseguro que lo más pronto que pueda me presentaré a uno de esos concursos que salen en la radio.
Ivana lo había vuelto a mirar fijamente. Paolo estaba lleno de alcohol y baj
o los efectos del porro, pero seguía igual, o más, de atractivo, conservando el halo de encantador que tanto le había seducido esa noche. Sus ojos verdes, cansadísimos, no paraban de brillar en la oscura esquina de la cava. Le hablaba realizando aspavientos chistosos, movía mucho las manos, recogía con coquetería su alborotado flequillo que le caía sobre la frente a cada leve movimiento de cabeza. Era un embaucador de corazones involuntario.
- Ahora me sorprendes tú. ¿ Me dices que quieres ser cantante?

- Voy a triunfar. Pienso que tengo buena voz, ¿sabes?, lo que me hace falta es pulirla.
- Ahora que lo pienso sí que has debido dar muchas serenatas.
- No te burles. Yo no lo he hecho con tus sueños de futuro. Imagíname a mi en San Remo, compartiendo honores con Claudio Villa.

- Si me permites una nueva gracia, más te veo como el nuevo Caruso.
- Te lo permito por ser tú.
- Gracias.
- Y tú eres una de las chicas más excitantes que he conocido.
- Eso se lo dirás a todas.

- Sólo a las que les gusta el jazz.

(continuará)

* Extraido del libro inédito en nuestro pais " Bell'aspetto" (2.005). Traducción a cargo de Boquitas Pintadas.