Friday, November 25, 2005

Infancias verdes. Capítulo segundo

Mis meriendas no llevaban Nocilla. Lo mio era el chocolate nestlé. Los bollitos de leche me encantaban, pero sin crema-que siempre fui muy tiquismiquis. Las tardes de invierno después del colegio las pasaba al calor de la cocina junto a mi madre que planchaba. Solía escuchar la radio, todavia no teníamos aparato de televisión allí y la compañia de fondo nos la hacía un viejo transistor Lavis que recuerdo ahora con ternura. El óxido de sus metálicos, las ruedecillas del dial con restos de grasa acumulada, una antena para FM que nunca utilizamos. Porque lo nuestro era la onda media, la cadena SER, la voz del Miño a veces, pero sobre todo la SER. Escuchando los magníficos seriales de Radio Madrid, a cargo de un cuadro de actores inmejorables.
A mediados de los años setenta ya habían pasado los tiempos de los clásicos del teatro del aire, el Diego Valor, Ama Rosa y los Tres Hombres Buenos. Yo viví la época de Lucecita y de alguna otra desgraciada heroína por entregas, normalmente salida de las mentes tan astutas como retrógradas del sr. Losada o Sautier Casaseca. No lloré con "Lucecita" ni con "Simplemente Maria" ( después pasada a una fotonovela que devoraba semanalmente en la peluqueria a la que iba mi madre. Y algo más tarde convertida en culebrón televisivo via Argentina con la señora de Jose Sacristán ). Yo me apasionaba con los malvados señoritos que chuleaban a estas mártires de las ondas. Y me enamoraba de sus voces: magníficos Pedro Pablo Ayuso, Juana Ginzo, Luis Durán, Maribel Alonso, las Matildes: Vilariño y Conesa ( inolvidable dobladora de Bette Davis)... Segui creciendo con un amor desproporcionado por la radio que sin duda había venido originado por aquellas entrañables tardes de la merienda... En realidad tenía algo de niño vainicoso,a pesar de que aún tardé en conocer a las brujitas del pop Carmen y Gloria. La nuestra no era una cocinita mágica, pero poco le faltaba... Y los seriales continuaron. Vendrian a finales de los setenta Los Porretas ( estos ya con sabor a Colacao con galletas, era la hora del desayuno).

La televisión nació conmigo. Mis padres la compraron tan pronto yo vine al mundo. La de blanco y negro, ojo. La que tardaba un par de minutos en hacer aparecer las imágenes desde el momento que le dabas al botón de encendido. La televisión de mi tierna niñez, que paraba por la tarde y cerraba por la noche. Las emisiones matinales, aunque existieron en los años sesenta en mi memoria eran una entelequia.
El primer programa infantil del que tengo constancia fue "La Casa Del Reloj ". Lo presentaban el estupendo Miguel Vila ( ¡qué guapo era!) y la diosa Paula Gardoqui ( mi primer amor platónico ). Por alli tambien andaba Maria Luisa Seco, pronto mi mejor amiga de la niñez. Todo esto forma parte de un vago recuerdo que no consigue traducirse en algo concreto. Tendría 3 o 4 años, todo lo más. Después supe que aquella casita encantada y pobretona, como de guardería del niño indigente, venía a sustituir a un espacio mítico para toda una generación de españoles que merendaron en los años sesenta: Los chiripitiflauticos. A su vez, la " Casa del Reloj " sería sustituida con el tiempo por mi programa infantil favorito, el que en verdad por cronología me pertenece, el que me tocó de lleno, el de mi generación: UN GLOBO, DOS GLOBOS, TRES GLOBOS.
En aquel programa, que yo no sé si dirigía ya la hoy tan mitificada Lolo Rico andaban toda la cuadra de entretenedores infantiles que me hicieron por entonces feliz: la Gardoqui, la Seco, Torrebruno...Se cruzan en mi mente los Muppets y BARRIO SESAMO con la gallina Caponata ( o sea Emma Cohen, la enfermera de Fernán Gómez ) y los Payasos de la tele ( sin Milikito). Son mis visiones infantiles de una televisión en blanco y negro, pre muerte de Franco. Después vendría el color. Sería 1.977 o asi. Con la democracia, mi casa se hizo un colorinchi.
Cuando el de la tienda de electrodomésticos la trajo, por la tarde precisamente se produjo el milagro . La sala de estar se inundó de un atardecer rojo enigma: lo primero que vi aparecer en ella fue un chimpancé con un fusil y montado a caballo sobre un fondo solar. Era el comienzo de la serie El Planeta de los simios. Y su arranque permanecerá siempre grabado en mi memoria. Qué bien se veían los monos aquellos.
Con el aparato WESTINGHOUSE los anocheceres, las veladas y ese prohibido pico posterior a las doce de la madrugada se convirtieron en las franjas horarias que conformaron la educación sentimental y sexual del niño Betanzos.Todo lo veía: los dibujos de Hanna Barbera, los documentales, Cronicas de un pueblo y Curro Jimenez, los inolvidables ESTUDIOS 1 ( Maria Silva y Emilio Gutierrez Caba me enloquecian, pero es que además tenían a una reina llamada Elisa Ramirez que fue mi Margarita Gautier ideal; y había un rey que respondia al nombre de Pepe Martin y que fue un blandito Conde de Montecristo)...Televisión familiar, sin rombos...
Pero yo los rombos más de una vez me los salté a la torera. Por ejemplo con el pase en SABADO CINE del "Estrangulador de Boston": aterrado quedé. Pero no tanto como cuándo Norman Bates acuchillaba sin piedad samaritana a la desnuda ( con doble) Janet Leigh en "Psycho". La palpitación emocional que me produjo el visionado de esta obra de arte por primera vez supongo que coincidiría con la de cualquiera en experiencia semejante. Ahora añoro mucho aquellas primeras veces, poder volver a ver por primera vez PSICOSIS, darle al calendario para atrás y recuperar ese experiencia iniciática del pavor tendría que ser tan maravilloso...

Los programas para adultos aunque no vedados, suponían todo un desafio para la tolerancia de mis padres. Sin embargo no importaba que me prohibieran este o aquel otro. Tenía enganches tan o más potentes en la franja horaria infantil.
Los sábados por la mañana ponian La Guagua. Supongo que a esas horas los niños de mi época no solían ver la tele, estaban jugando en los parques, entrenando en el pabellón de deportes o cosas asi. Yo estaba en casita, tan a gusto y oyendo cantar al meloso Rocco Torrebruno.
La Guagua era un autobús muy fantasioso que pilotaba un señor orondo, vestido con vistosas ropas que respondía al nombre de Don Redondón. A años vista , como en el caso de don Pimpón pudo haber sido el fetiche erótico de cualquier infante mariquita propenso a turbarse ante el prototipo de oso tan extendido entre el gremio. Pero mi atención visual se centraba en las dos muchachas tan circenses de la troupe del programa. Por un lado estaba Raquel Rojo, con cierto aire físico a la sinigual Maria Jose Román, y, claro, mi favorita entre las favoritas, Paula Gardoqui. Aqui con Paula terminó de cristalizar el amor platónico que un niño pueda tener hacia una heroina televisiva,. Era adorable. Y maligna en su papel de Condesa Pauloca. Con el latigo sadomaso,vestida de la bruja de Blancanieves, siempre con su " quiss, quiss..." letal, preparado...Era fantástica, era el colmo de la belleza, de las chicas guapas.

Y mira que la tele andaba sobrada de locutoras vistosillas. Mis favoritas, a no dudarlo, fueron Isabel Tenaille, Marisa Abad, Clara Isabel Francia, Pilar Cañada- ¡siempre!- y Jana Escribano. Tambien Rosa Maria Mateo, Marisa (625 lineas) Medina y Marisol Gonzalez...Eran de lo mejorcito, lo bien que leian la información y lo mucho que adornaban...Tenían personalidad y unas voces muy características...Jo, Jana Escribano ¿qué será de ella?. Pilar Cañada aun es voz en off en programas como Cartelera, Marisa Abad con las loterias...pero Jana...Chica andrógina, mujer de una pieza.

Creo que eran los jueves por la tarde-noche cuando emitieron durante un par de temporadas la serie infantil de producción propia "LA MANSION DE LOS PLAF". Era tan surrealista como soporífera. Corria si mal no recuerdo 1.979. Y yo estaba ahi. Si, aburriendome viendo a Los Plaf. Vivían en una mansión de corte medieval. Los actores que salían los conocia a todos pues eran incondicionales de los ESTUDIO 1, y eran magníficos: Maria Fernanda D'Ocón (egregia actriz). Valeriano Andrés ( buff), Paco Racionero, Maria Luisa Seco, Giorgio Aresu y... Violeta Cela.
Violeta fue especial para mi. Era preciosa. Su papel era tan delirante como lo eran el resto de personajes que conformaban aquel bodrio con reminiscencias a la familia Munster. Como la díscola, alocada, caprichosa y perversa ( en el más sexual sentido de la palabra) señorita Alcanfor, la Cela consiguió perturbarme como no lo había hecho antes nadie, ni tan siquiera una Paula Gardoqui. Su terror/atracción ( mero coqueteo) ante la figura con armadura era tan erótico para un crio de nueve años como para un adulto de entonces debia serlo Silvia Kristel sentada en su sillón de mimbre. Tuve mi primera erección consciente con ella. No fue mi amor, fue algo distinto y que no pude definir. Pero era algo bueno, placentero. Más tarde me enteré que la actriz estaba por entonces entregada a una carrera cinematográfica consistente en burdos subproductos pornográficos, los de clasificación S ( "Silvia ama a Raquel", "Eros Hotel", "Daniela minislip" o "Susana quiere perder...eso" la tenían como protagonista) y que era una habitual "gatita caliente" en revistas como el Lib.
La zorrilda X-rated pues, se coló de estrangis en la programación infantil de finales de los 70 y yo, que ya debía poseer un buen olfato para estas cosas, la capté al vuelo.

(continuará)

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