Friday, November 11, 2005

Infancias verdes. Capítulo Primero


Partiré de una aseveración contundente: para mí lo más hermoso de la creación es el cuerpo humano. Y ahora ahí va otra: lo que más me interesa de este perro mundo son dos cosas. Una, la sensualidad de un cuerpo bello y mórbido; y dos, las artes en general. Es por ello que en este blog, en tanto que ensayo personal, le rindo tantos sentidos tributos al sexo aplicado a las artes plásticas, la literatura, escultura y , como buen hijo del siglo XX, siglo de bastardías, al cine y el comic.

Precisamente, cuando las corrientes filosóficas del postmodernismo entraban en su auge, allá por la mitad de la década de los años setenta, servidor nacía timida pero deslumbradoramente a los sentidos a través de la cultura más popular. Lo hice abriendo bien los ojos ante los impactos visuales que irían conformando una líbido especial que se prolongaría ad infinitum hasta el dia de hoy.

Efectivamente, el niño que fui comenzó a sentirse azorado frente a una pantalla de televisión marca WESTINGHOUSE. Antes de nada he de decir que , a la contra que otros chavales de mi generación, fui un crio con suerte pues mis padres me dejaban ver la tele hasta las doce o una de la noche en dias de escuela. Asi me fueron los estudios. Y pienso que tuve suerte pues no reniego de la subcultura. Me siento más un integrado a la manera que explicó Eco, que un esclavo de la caja boba.
En los años 70 y parte de los 80, la televisión aún hacía pensar, instruía. Solamente en un par de ocasiones, que yo recuerde, papá me mandó a la cama ( iba a poner a la cuna ).
Una fue durante las semanas que duró el pase de la mítica serie YO CLAUDIO ( aunque conocia perfectamente las tramas por el Teleprograma. Vamos, que sabía que Calígula era mi heroe, prefiriendo desde entonces siempre las perversiones romanas antes que las petardeces de los cristianos ). Y en otra ocasión se negaron a que viera el filme, para mí fundamental en mi desarrollo erótico, " Un Tranvia Llamado Deseo ", con Marlon Brando sudando la camiseta. Y qué camiseta, y qué Brando. Al llegar a la adolescencia, qué curioso, ese icono en blanco y negro fue fuente de mi onanismo más apasionado.
Ahora que lo pienso, ¿fue por eso por que no quisieron que viera una película, a simple vista, tan antigua?, ¿ quiza pensaban que pudiera perjudicarme la visión omnipresente del erotismo masculino propuesto por Brando- erotismo brutal- en mi futura definición sexual?.

Salvo esto, las noches televisivas eran sinónimo de revelación de cuerpos, de fragmentos de cuerpos, de sexos que con el paso de los años irían cristalizando en algo más concreto.
A los seis años guardo buenos recuerdos de las inmensas, larguisimas piernas de Barbara Rey en PALMARES TV ( también las tenía buenas la cantante Lia Uya). Barbara era algo ambigua, su voz era ronca, grave, decían que era un tio. Era el momento de los primeros transexuales ( de mi adorada Dolly Van Doll , Pierrot , Carla Antonelli, Eva Comti y la Gigi D'oslo, p.e.), pero a mi me gustaba Barbara. Me regocijaba Bibiana Fernandez pero no para soñar con ella, nunca me pusieron ni las siliconas ni los anabolizantes en los tios culturistas. Y Barbara aun no se había operado de nada.
En los años setenta hubo muchas señoras estupendas. Aquellas del destape en mis ojos de treinteañero las contemplo de forma entrañable. Hablo de jamonas como Agata Lys, Nadiuska, Mirta Miller, Marilú Toló, Jenny Llada, Rosa Valenty y mi favorita Mari Francis, ahora Paca Gabaldón. Me acuerdo que colgaba un calendario INTERVIU, propiedad paterna, con sus fotos en mi habitación de juegos, y que cuando ese calendario caducó yo aún lo dejé puesto en el mes Mari Francis. Tambien se sobó mucho el mes Raquel Welch, por pura lógica. En sus labios, pechos, vientre, pubis y neumáticos varios deposité la colita más de una vez. Mi madre sacó la conclusión de que su hijo le había salido todo un machote. Qué risa.
En verdad me gustaban las hembras opulentas. Me llamaban la atención, más por la abundancia, por cómo llenaban el poster de carne que por la armonía, proporción de sus cuerpos, claro. En ese lote reinó por derechos propios toda una Sara Montiel a la altura de "Cinco almohadas para una noche", su última película. Con un erotismo muy de la época, Sara aparecía espatarrándose sobre un sofá inmenso, con un pelucón imposible, maquillada como sólo ella sabía, medio desnuda, en combinación, con perlas en el cuello; en fin, características claves de una zorrilda 70's. Fotografiada, como siempre por Castellví. Pudo ser Socias o Colita, pero era Castelví. Creo que me corri sin semen con aquella foto de la Montiel. Era rotunda, directa, llenaba mis sentidos. Cumplía con su función.
Y yo aún no conocía el poder afrodisíaco de las mujeres niñas, de las lolitas. Y eso que en los años setenta también pululaban por las películas. Era adorable la pobrecita de Sandra Mozarowsky, nuestra Ornella Mutti; o Irma de Santis, también desaparecida prematuramente. La fiebre de las lolitas en este que escribe viene después, vía Francia, claro. Via Juan de Pablos, naturalmente. Via platónica, ¿ cómo sino?.

Mientras, seguia descubriendo cosas agradables en la televisión adulta. Dos canales, dos sexos para un niño indeciso o quiza bisexual. Recuerdo, nunca me olvidaré ( uno no olvida las primeras erecciones) de Grandes Relatos y la serie " Capitanes y reyes". El primer capítulo terminaba con un polvo light entre el atractivo Richard Jordan ( otro que tuvo mala muerte, de sida ) y Jane Seymour ( una Tv star que después hizo de doctora ). Bien, al acabar el revolcón de planos cortos, ( revolcón supongo que bastante más ficticio de lo que suelen ser los revolcones simulados de los actores, pues Richard Jordan siempre fue muy gay) pues Jane se levanta de la cama y se sitúa en una ventana de espaldas a mí, de espaldas a Richard. Lo que vi fueron por primera vez las espaldas de mujer más largas, más amplias, más morenas, más desnudas de mi vida. La enfocaban hasta ese final que es comienzo de otra parte tan o más seductora: las nalgas. Y yo me sentí ruborizado, incómodo ( mis padres compartían conmigo el sofá ), pero deseoso de que ese plano se abriera de una puta vez y nos fuera mostrado algo más. Y el morbo crecía en mi al saber que Jordan estaba mirándola, aun que ahora que lo pienso bien, a lo mejor se estaba pintando las uñas, loca que fue.
Adoré el exhibicionismo de Jane, señorita que me produce hoy en dia absoluta insipidez. Creo que es pintora prerafaelista. Jugué a imaginarla desnuda totalmente y busqué referencias en los libros de arte. La encontré, en la alta cultura, en un lienzo maravilloso firmado por Velázquez: " la Venus del espejo" era Jane Seymour mejorada.

En los libros de arte no sólo me topé con féminas exhibicionistas, también vi a machos poderosos con penes minúsculos y que despertaron en mí admiración pero también deseo. Un deseo que partía de la alteración de las leyes naturales; es decir, surgía de la transgresión, lo que lo hacía más fascinante. Vamos, que intentar con el pensamiento restregarme contra un dios griego me parecía el cúlmen de lo pecaminoso.
Es que servidor fue educado en un colegio de curas y en la religión esa tan loca. Mas no me gustaría quedar de pedante y decir que los referentes de belleza masculina sólo venían firmados por Miguel Angel, Donatello, Primaticcio o los helénicos, no. En eso también fui un niño de mi tiempo y por tanto buscaba en la televisión, que alli habían muchos agentes de la policia uniformados que me trastornaban. Vete tú a saber por qué.

El primer bellezón masculino con el que sudé de lo lindo me costó años identificarlo. Barajé el nombre en mi memoria de Troy Donahue en "Parrish", pero no. Estaba viendo con mis padres SABADO CINE y ahora ya puedo darle un nombre y una fisonomia tras arduas investigaciones. La película era "Esplendor en la hierba" ( otra vez Kazan y el sexo. Gracias Elia, director magnífico y que nunca desaprovechó el potencial erótico de sus siempre agraciados protagonistas masculinos ), el chico se llamaba Warren Beatty. Pero no un Beatty normal y corriente, o la actual momia en la que se ha convertido, el Beatty de 1.961 acongojaba a cualquier ser sensible. Era deslumbrador y magnético. Era el tipo más guapo que había visto nunca. Y en la secuencia en la que , perverso, arrodilla a sus pies a Natalie Wood mientras le increpa:" Adórame, estás loquita por mí. Di que me adoras", de repente pegué un brinco y grité ( perdiendo las formas por completo) ¡ si, si . Te adoro todo lo adorable!. Quedé fatal. Tuve que abandonar la sala de estar de manera voluntaria. Mis padres pusieron una cara como pensando "nuestro hijo machote a lo mejor no saldrá, pero cinéfilo es un montón". Me refugié en mi cuarto y confieso que me froté contra el osito. Es decir cometí semizoofilia, un pecado mortal más. Y bien a gusto que me quedé.

(continuará)


* En el próximo capítulo de "INFANCIAS VERDES" aparecerán series de televisión tan entrañables como " La mansión de los Plaff ", " Los hombres de Harrelson ", " Mazinguer Z ", "La Guagua ", el estreno en mi ciudad de " La guerra de las galaxias " y quizá se respondan a algunas de estas preguntas:

Primera. ¿ Decidirá mi padre llevarme a putas ?
Segunda. ¿Presencié de niño algún acto sexual en vivo?
Tercera. ¿Vi alguna vez a mis padres en plena cópula?
Cuarta. Razonamiento de términos y nombres como " uniforme", " clitoris", " incesto", " madelman", " López Ibor ".


4 Comments:

Blogger Rod said...

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1:28 PM  
Blogger Karen said...

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1:31 PM  
Blogger Juliette said...

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1:33 PM  
Anonymous Anonymous said...

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11:56 AM  

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