Monday, November 28, 2005

Bell'aspetto. Por " la famosa escritora norteamericana "

" En la fiesta, formados los corrillos, se oye la música de un conjunto músico-vocal que perfila el repertorio y ultima las posibles peticiones con dedicatoria. Las luces de los farolillos otorgan al recinto la agradable sensación del entretenimiento asegurado. Los chicos realizan amagos de comunicación con las chicas, y a los primeros compases de un boogie enloquecido, inevitable rescoldo de una posguerra que aún no se había extinguido del todo, se inicia el revuelo de falditas y el afloje de corbatas.
Será en los lentos, slows romanticoides herederos de la gran tradición melodramática, salpicada de aromas del último San Remo, cuando los cuerpos gusten de apretarse, siempre y cuando ellas se desinhiban y acepten el contacto. Porque las hay que interponen entre pecho y pecho el molesto codo, creando así una barrera sumamente desagradable entre los sexos, además de rebajar la intimidad del "Buongiorno tristezza" ejecutado por el histriónico cantante de smoking blanco.

(...)Bailan juntas seis niñas todas engafadas y con alambrillos en los dientes, muy tetudas o por lo menos ese es el efecto que les provocan en sus siluetas los sostenes y los oprimentes cinturones tipo Pampanini. Son feas, risueñas, estridentes y jamonas, y a entender de los timidillos, demasiado fáciles para andar montándose los bailes en femenino. Pero para fácil, de lo más tirada, la Ivana, hermana de la pobrecita Daniela, que nunca sale a parte alguna por lo de las hemorragias y la falta de apetito. Según el alfilerazo machista la han pasado por la piedra medio barrio, y en casa están hasta la coronilla de ella. Ivana es guapetona, amable en el trato y nada descarada para la cruz que le ha tocado cargar. Está desando probar a Paolo y éste lo mismo. Esa noche, todas las miradas de la reunión apuntan hacia los dos. Se oyen cosas cómo "Hoy cae el Marlon de los Brignone", " ya resultaba sospechoso que no hubiera nada entre estos" o " este es capaz de dejarla preñada, con lo brutote que es, y de ahí al tálamo".

La moza le lleva tres años al bello Paolo. Acaba de cumplir los veintiuno y es oficiala en una academia de modistas de la calle Ravenza. Le gusta vestir bien, es mañosa y suele hacerse sus propios vestidos con las telas taradas que consigue rescatar de los sótanos de la costura. De un tiempo a esta parte se la ve acompañarse por Marcelino, un taxista que, por fortuna para él, acaba siempre la ruta cerca del trabajo de la jóven. Amarraditos entran en el café y de tal guisa toman el piscolavis. El lleva cinco dias hablándole de casarse, que ya tiene mucho ahorrado, que los jefes de la compañia están muy contentos y le han asegurado empleo fijo y paga extra si llegara el caso. Está, lo que se podría decir, encoñado. Y eso a pesar de las advertencias de los compañeros sobre la salacidad de la chica, sobre lo vulnerable que es ante un par de hombros anchos y un culito convexo.
Ivana empieza a aburrirse con su insistencia. El hombre se pasa más tiempo disertando sobre su futuro que aprovechándose de su presente. Y en el aprovechamiento era un campeón Marcelino: cuando la agarraba no había parte erógena que se le escapara, lo que ya constituía de por si toda una proeza, pues Ivana era de las que sabían disfrutar de su cuerpo y, al tener que compartirlo con otro, exigia siempre el máximo placer. Además le gustaban los hombrecitos experimentados, una suerte de hommes fatales con un punto de corrosión que la metieran en vereda. No desaba una relación de igual a igual, pero tampoco el otro debía ser un pelele. Fuera como fuera, era ella la que los abandonaba: por hastío, por no aceptar compromisos excesivos o, simplemente, porque si.

Y al fijarse en Paolo ( al fijarse de un modo especial, claro, pues se conocían de tiempo) lo hizo guiada por sus impulsos más irracionales. Le gustaban mayores, le gustaban con dinero, no desdeñó a algún casado por la sóla razón de que le caia fatal la parienta del susodicho...pero los rapazuelos le traían al pairo. ¿Qué pasó entonces aquella noche para permitir la aproximación a su escote del mocoso Brignone?.
Lo vio bailar. Parecía un angel roto con la americana zurcida, los pantalones parcheados, los zapatos embarrados y el tupé vol-a-vent. Había aprendido con soltura el movimiento de caderas de Elvis y se complacía exhibiéndose delante de todo el mundo. En los cha cha chás mecía a la acompañante hasta alcanzar una concina sincronía de pasos. En el calypso "paisá" estaba sencillamente arrebatador.
Ivana apreciaba la belleza de un hombre al bailar, se extasiaba con un buen danzarín, y la noche de marras, una noche tonta sin duda, entendió que Paolo estaba yendo por el título del "más bello del baile". Remedo de hermano menor de Antonio Cifariello con incrustaciones de un bisoño ( y blanquito) Belafonte.

(continuará)


* Traducción a cargo de Boquitas Pintadas y Maciste Betanzos. Fragmento del libro, inédito en nuestro país, " Bell'aspetto" (2.005).

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