Monday, November 14, 2005

BELL' ASPETTO. Por " la famosa escritora norteamericana "

" Rickie sale con la última starlette promocionada por el más pobre estudio de cine ". " Rickie se casa ". " Rickie habla de la familia ". " Rickie visita al 'rey del rock' en Graceland "... Titulares habituales en la prensa coloreada, cuyo fin expreso era que la ' little star', ya de por si no muy consistente, continuase lanzando destellos. Twinkle, twinkle... pretty Paolo.
Cautivo de un marketing imparable, el ídolo consumía sus noches sentado frente a un televisor en blanco y negro acompañado de su perro y, en ciertas ocasiones, las más queridas, acurrucado en el regazo de Mark. El héroe de gimnasio , encariñado del heroe de la canción, lo mimaba hasta extremos delirantes. La idolatria de Mark, muy parecida al amor posesivo, superaba con creces al vendaval de gritos y desmayos de las incondicionales americanitas de provincias.
Esta secreta 'liasion', sin duda peligrosa por lo que tenía de tabú en una sociedad represora, discurría con discrección absoluta. Mark jugaba a ser perrito fiel, rival del auténtico. Tras regresar de sus prácticas gimnásticas o de posar para una sesión de fotos en revistas del ramo, Mark esperaba la llegada de Rickie. Confeccionaba opíparas cenas con esmero. Se encargaba de que le mantuvieran al corriente de su estado de salud cada vez que el italiano emprendía una gira a través del estado. Le aconsejaba en el tema estético, olvidándose de que el ídolo ya portaba una inalterable y adecuada máscara, todo lo más lo que debía procurar era que no se la partieran. Y para eso ya estaban tanto los esteticistas como los guardaespaldas de la agencia de Bob Wyler.
Mark era un lindo esclavo que lamía las llagas del depresivo sin pedir a cambio otra recompensa que azotainas en el trasero. Era el narciso disminuido, la excepción entre la cohorte de machos vanidosos que poblaban el gimnasio MODERN ATHENS.

(...) Resulta sintomático que la incuestionable hermosura del atleta la anulase él mismo en una sucesión de actitudes sencillamente ridículas, provocadas, a no dudarlo, por una flagrante debilidad psíquica que lo superaba. Un cuerpo de semejantes proporciones resultaba un grave atentado estético al cubrirse con floreados delantales domésticos, polainas de felpa rosa y , en ocasiones sonrojantes, rebequitas coquetonas de melodrama casero de Joseph Pevney. Mejor luciría, diría el clásico, engalanado con supremas togas, peplos o simples taparrabos de competición que remitiesen a épocas gloriosas en el tratamiento del cuerpo masculino.
Asimismo, una testa tan soberana como la de este rubiales no merecía aquellos horripilantes gorritos de plástico con los que solía sorprenderle la señora Benson, la asistenta por horas, plumero en mano y subido a una escalera en plan limpieza de jarrones chinos; se preferiría una corona de laurel en clara alusión a los héroes de Marathón que el fenómeno Cinecittá había resucitado , sin el menor rigor histórico, en los filmes de romanos, vistos a discrección por el público más popular de la vieja Europa.
El paulatino afeminamiento de Mark no hería en absoluto al guapo Rickie. Su manifiesta bisexualidad, a la que deberemos referirnos extensamente en otro momento, no le impedía apreciar con deleite el juego de la ambiguedad al que se autosometía el compañero de lecho. Eran una pareja en la que el juego de las apariencias, el juego de los disfraces formaba parte de un preconcebido ritual de la pasión. Cualquier variante novedosa sería recibida con regocijo, siendo incorporada a la partida de inmediato.
Así la alcoba de los dos machos semejaba un impagable teatrillo donde pantomima y vodevil se entreveraban en provecho de una irrealidad que ambos iban construyendo y que era capaz de alimentar sus impulsos de experimentación más delirantes.

(...) Pero si en la privacidad del hogar las juergas de los bellos amantes les iban enriqueciendo con sensaciones de vértigo, no se podía decir que lo mismo aconteciese en su vida pública. En particular, en el caso del gimnasta que estaba contratado por una agencia fotográfica dedicada a la explotación de hombres semidesnudos. Acudía los últimos meses a las still poses sin la convicción requerida a todo profesional. No mandaba, no subyugaba al objetivo de la cámara, no era un homo viril que aprieta pero no ahoga. Su miembro se adivinaba empequeñecido en relación a pasadas veces. Se animaba en demasía en las instantáneas de espaldas. Como si estuviera donando complaciente su trasero, por otro lado espectacular, a la humanidad. Su imágen ya no evocaba a la de un Apoxiómeno all american en el momento de quitarse el barro de los brazos con la estrígila ( asi de kitsch lo inmortalizaron en una celebrada portada del "Tomorrow's Man" ). Rememoraba, con dolor, a una vulgar hetaira salida del Bronx, de curiosa ambiguedad rayana en el hermafroditismo. En ademanes, mujer fatal. En músculos, la circense Sansona del siglo XX.
Con Rickie las cosas cambiaban. Llegaba al oficio dormido, con cara de resaca, portando demacradas ojeras, pero bueno, nada que no pudiera disimular un buen maquillaje facial ( ojeras sólo las podia llevar bien un rebelde carismático llamado James Dean, polo opuesto de las " personalidades " con
formistas de los jovenzuelos Wyler ).
Paradojicamente, las caras de sueño
triunfaban en el corazón de las teenagers: significaban languidez. Y un touch desarrapado del ídolo sosteniéndose en una pared, víctima del cansancio, equivalía a la fragilidad del machito, el que a pesar de ser varón, y como tal, dominador por naturaleza, no carecía de sensibilidad, cualidad ésta fundamental por lo que tiene de tranquilizadora en el matriarcado, o bien en el sector femenino más conservador.
(...) Mientras, Mark Counts se hundía sin hacer ningún esfuerzo por remediarlo. El ex Mr Ohio 1.954 parecía sentirse más cómodo entre paillettes y plumas de marabú que portando mancuernas y ejecutando duros curls. El que fu
era modelo favorito una larga temporada del excitante dibujante homoerótico George Quaintance vivía ahora en un mundo de alta posticería, donde la reina era él . Y su logro: una increible creación, simbiósis de la Mansfield y el Hargitay, para pasmo de cualquier mariquita exigente y solaz de los adictos al bizarre más febril.

(continuará )



* Traducción al castellano a cargo de Boquitas Pint
adas y Maciste Betanzos (2.oo5 . Fantasia Mongo )

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