Monday, November 07, 2005

BELL' ASPETTO. Por " la famosa escritora norteamericana "






" Don Vittorio vió nacer a Paolo una tarde en la que su mujer, de oficio comadrona, había acudido a atender a una signora Maddalenna a punto de romper aguas. Amigos desde siempre, los Brignone y los Sanbenenedetto formaban un círculo privado, un ' huis clos' que dirían los franceses, atípico si atendemos al tópico del vecindario en Italia ( por lo menos antes de la época del benesere ) entendido como piña comunitaria , o más bien como gran familia con las puertas abiertas, sensible a ayudar a cualquiera de sus miembros.
El nivel de especial afectividad entre ambas casas fue muy grande y tanto los Brignone como los del boticario semejaban un sólo clan.
Nada sospechoso de inclinaciones menoreras, Don Vittorio fue testigo del devenir de la pobretona niñez del angelito Brignone entre fórmulas, recetas y aguas medicinales. Trató con esmero la tisis incipiente de Brunetta, suministrándole fármacos en el domicilio cuando no andaba ingresada en las clínicas y medicó a la temperamental Maddalena relajándole los nervios con valerianas ante los disgustos que le daba su marido, el putero Aldo, experto en aventuras extramatrimoniales.
Y Paolo visitaba la botica dia si, dia también como buen chico de los recados para recoger pócimas, pero además para presenciar el espectacular visionado de una formidable ayudanta de farmacia llamada Antonella, hija menor del dueño, agachándose al arrancar el papel de envolver. Y es que la moza, de suaves formas y óptimo escote no dejaba indiferente a nadie y menos aún a un niño despierto en las cuestiones de la carne prieta.
Antonella era la tentadora en el imaginario erótico de Paolo y la idealizaba en términos lo más fantásticos posibles; o sea, en términos cinematográficos. En el cine de los sábados, en el cine popular, otra Antonella encandilaba con su encanto femenino. Sin la agresividad de la Loren ni la distante elegancia de una Rossi-Drago. La otra Antonella era la Lualdi: de profesión , casi siempre, empleada de comercio.

Nos encontrábamos por lo tanto ante un niño que nacía a la mitomanía ligándola completamente a la magia de la imágen. Entregado a su hechizo, a veces injustificado, éste lo prolongó a otras facetas del mundo del espectáculo, que si bien no aportaban todo el grado de interés de aquél, si por lo menos le rendían en cuanto a la satisfacción de sus mínimas necesidades eróticas. Así el teatro de variedades, tan identificable con los entrañables intermedios de la sesión continua del Royal, le permitían recrearse con las tórridas vedettes que meneaban las caderas sin pudor alguno, al compás de un mambo dislocado. El niño virgen accedía a la "carne como objeto para admirar" en compañia del padre que, babeante, lanzaba obscenidades desde el patio de butacas.
Paolo percibía tímidas erecciones, modosos rozamientos entre las parejas contiguas, idas y venidas de jovencitos a los lavabos. Empezaba a entender que una sociead ahogada en las secuelas de la guerra exigía unos derechos. Y estos, del todo admisibles, se le eran presentados de manera tosca y hasta repugnante: la suciedad del retrete público donde el coito rápido era la norma, la miseria disimulada de falsa alegria de la casa de citas de la signora Conzetta, la cutrez en penumbra del teatro Royal... Mondo povero, sexo tristón, a hurtadillas... Y un chavea como él, que conocerá el trato callejero de los cuerpos , pero asimismo, la prostitución más sutil de los hoteles de lujo- cuando un simple blowjob se adorne con la coartada de una falsa distición en forma de tarjeta de crédito y Alfa Romeo a la puerta- un chavea digo, iba manejando una de sus futuras herramientas de trabajo entre la calentura y el estupor.

(continuará )

* traducción al español de Boquitas Pintadas y Maciste Betanzos

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