Tuesday, October 11, 2005

Comienza definitivamente el otoño en la ciudad. La lluvia no remite a la emblemática (para algunos) canción de los Gatos sino más bien a una algo más añeja de la Tanqueta a la altura de su primer extended play. Soy un recoleto enfermístico, sin duda pues de lo que hoy queria hablar era de una bienaventurada reposición televísiva con sabor a té con pastas. Quiero decir, algo muy british, y muy teatro. Una serie legendaria que la nueva programación de la episcopada (¡puaggj!)cadena Popular tv ha puesto en su parrilla de ofertas para esta temporada. Arriba y abajo se emitió por prinera vez por la televisión nacional en 1.981 y sin duda fue la serie que me marcaría en la niñez, la que seguí con verdadera devoción y la que ahora pretendo regrabar si esos putos teleobispos me aclaran qué cojones han hecho con el primer episodio. Me refiero a que no lo han emitido en su integridad y lo sé porque conservo la serie en vhs de una reposici
on que la autonómica gallega emitió hará cosa de tres años. Repito, ¿qué es esta chapucera forma de rendir tributo a "un pasado mejor"?. ¿Pretenden un recorta y pega con el fin de alargar más la ya de por si larga duración(63 capítulos) de la susodicha?. Buff, si lo sé no grabo por encima de la que conservaba como oro en paño. Aunque cabe la posibilidad de que se trate de tijeretazos censoriales. Tal vez se trate de ello. Yo siempre entendi el final del capitulo 1 como una alusión al lesbianismo oculto de la gran Rose que habría pasado a la acción aquella primera noche con la recién llegada Sarah. Fijo que fue esto porque sino no me aclaro. A todas luces sino cambian con su actitud chapucera o moralista esta reposición en beauté va tener un amargo sabor a descalabro.
Pero hagamos historia. Arriba y abajo retrata la vida de los señores ingleses y sus criad0s en un período de treinta años que comprende desde principios del siglo pasado hasta 1.930. Y esto se plasma de un modo admirable ya no sólo a través de unas interpretaciones impecables de todos los actores, algo que se presupone dada la fama que tienen de ser los mejores del mundo en este percal, sino con la construcción de unos guiones perfectos aupandose en una puesta en escena cuidada al milímetro, un mimo por el detalle en cuanto a ambientación (aspecto si cabe doblemente elogiable dada la limitación de medios técnicos y de presupuesto con los que trabajaron) y con un desarrollo psicológico de los personajes (desde los más relevantes hasta los más "accesorios" ) en verdad brillante.

Todos los logros de esta producción británica se prolongaron como mencioné anteriormente a lo largo de sesenta episodios dando instantes de particular emoción en clave de melodrama clásico sin por ello tener que caer jamás en el folletín puro y duro. Y eso que en la serie sucedieron acontecimientos inverosímiles propios del novelón rosa más desmadrado: hijos bastardos, crímenes pasionales, epidemias víricas, apariciones de remedos de Jack the ripper y múltiples suicidios con la traca final del mayor James. Sin embargo, creo que fue en el tratamiento dado a todo el guirigay donde radicó el gran acierto de la serie: el recurso de la elipsis, la dosificación de los contenidos dramáticos, la mirada fria de los actores ante hechos extremos que en otras manos( pensemos en los frijolitos sudamericanos) hubieran derivado en la histeria y el despendole... Una cuestión de estilo.
En Arriba y abajo se encuentran resquicios de una tradición cultural british que reverdece. Hay algo de la fina ironia de un Sheridan o un Wilde, del lirismo romántico de campiña de los lake poets, de la cursileria gay de gentleman conservador de un Noel Coward, de la frivolidad de los musicales de Vivian Ellis, del efecto dramón de las películas de la Gainsborough, de la bohemia literaria del grupo Bloomsbury o de los osados lances de un Pinter/Losey de los sixties. Por no hablar del detallismo del diseño nada más arrancar cada capítulo con los títulos de crédito sacados de las ilustraciones de la mítica revista PUNCH. Todo aunado en un formato de novelón por entregas sólo en apariencia destinado a satisfacer a una audiencia compuesta por cuarentonas (el mito de la middle aged women) de clase media y mariquitas finas con ínfulas de damisela apegadas a una nostalgia repleta de miladys adúlteras y caballeros en smoking y sombrero de copa. Y digo que sólo en apariencia porque en la serie hubo también dura exposición de una realidad social como fue la desigualdad de clases(en ciertas ocasiones el espíritu de las gentes de Dickens se tornaba un mero espiritu burlón ). Se abordaron historias referentes a la situación obrera (ahora asunto tan privativo de izquierdosos tipo Loach) asi como la evolución laboral en pos de una humanización del servicio doméstico con su lenta adquisición de derechos o los cambios políticos y por ende históricos de la Inglaterra eduardiana, heredera del sistema esclavista victoriano.
De niño desde luego no me daba cuenta de todo esto pero la seguia con ansia porque de siempre fui muy folletinero. Me encantaba el empaque de Lady Marjorie, siempre gran dama, lo bien que le sentaban las canas al mayor James Bellamy, el desparpajo e insolencia de la criada Sarah, la belleza de alocada flapper de Georgina, el rigor y severidad de aquel mayordomo de raza, inolvidable señor Hudson, el simpático y majete Edward o el perturbador primer marido de la desaparecida Elisabeth, Ian Ogilvy en una de sus escapadas de la Amicus, aqui tan bello tenebroso... Y sin saberlo fui quedándome atrapado por la magia del teatro, filmado, televisado o en vivo. Un vicio del que no me libraré ya nunca. El teatro de la palabra, el teatro inglés. Luego vendría el mejor, vendría Shakespeare. Pero el aguijón me lo clavó la productora London Weekend con series como esta.
Por ella, por que sea una reposición feliz (aunque con sólo un pase semanal la haga eterna) voy a dejar a un lado el lluvioso (todo crujidos) disco de Massiel a un lado y rebuscaré algo que me hable de la lluvia de Londres en dias lánguidos. A foggy day in London town...uhmm

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