Thursday, October 13, 2005

ALBUM DE CROMOS "SUEÑOS DE JUVENTUD". CROMO N. 09

SUE LYON (1.948. Davenport. Iowa.USA. Actrizilla)
Modelo juvenil a los doce años y ninfa rubia en varias películas para televisión, fue descubierta por Kubrick mientras aparecía en el show de sor Loretta Young y le hizo una prueba para el papel principal de Lolita, la película que más publicidad le dio. Este papel la situó firmemente en el punto de mira, interpretando a una jóven y sexy rubita madura para su explotación y en edad nada legal. La Lyon tenía por entonces dieciseis años, por lo menos tres más que la Lolita original, la del texto de Nabokov, en la que se inspiró el fallido filme de Kubrick.Pero aún así Sue aportó una picardia memorable y podría asegurar que su Lolita siempre será mi Lolita ideal.
Momentos de calentura marca Lyon: el arranque, en los títulos de crédito James Mason pintándole las uñas de sus piececitos (si sois fetichistas de los pies femeninos y aún no os habeis enganchado a revistas porno específicas como "Beautiful Bare Feet", enésima reinvención del BIZARRE de Willie ya estaréis vibrando), la muchacha bailando el hula hoop con blusa blanca ceñida (ya hay volúmenes) y pantaloncitos que empiezan a marcar caderas razonables ante la nerviosa mirada de tio Humbert... Y por supuesto la Lyon chupando todo tipo de golosinas de formas fálicas (su pulgar incluido). Ella si que haría maravillas con la gama de dildos que publicita el viejo Berth Milton desde la soberana PRIVATE.
Momentos destrempantes de la moza: evidentemente en la parte final, cuando aparece preñada. No da el pego.
Por desgracia su turbulenta vida privada desplazó su carrera a un segundo lugar. En 1.973 casó con un hombre que debía cumplir condena de cuarenta años por asesinato y trabajó por algún tiempo sirviendo cocktails. Al año siguiente de casarse realiza los trámites del divorcio. Su carrera cinematográfica se resintió en gran medida -pese a haber trabajado con John Ford en su ocaso- de la falta de buenas ofertas. A lo largo de los años setenta interviene en una serie de películas en las que no logra dejar plasmado un estilo definido y personal: sus intervenciones pues, no alcanzan la continuidad que hubiese fortalecido su trayectoria artística, entregándose a un trabajo en gran medida irrelevante y que poco o nada tendría que ver con las buenas expectativas creadas en sus primeros títulos de los años 60. Los paidófilos quedémonos pues con su chupete gainsbourgniano y su lolitesco embrujo de nymphette en "La noche de la iguana" calentando a más no poder al ebrio reverendo Burton ( la Gardner y sus mulatazos aun que están por derecho propio en los anales del erotismo cinemático made in Tenessee Williams en esta colección de cromos quedarían relegados a un segundo plano).

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